Nour, la historia real de una niña refugiada

Nour es la historia real de una niña refugiada: Mi nombre es Nour, y esta es la historia de mi viaje. Empezó en Libia, el país donde nací, una primavera en la que en lugar de flores florecieron bombas. Vi cosas que ningún niño debería ver. Viví cosas que ningún niño debería vivir. He conocido el miedo, la tristeza, la añoranza. Pero ahora estoy aquí para contároslo, porque ningún ser humano es ilegal.

El libro lleva un prólogo de Miguel González, coordinador del Servicio Jesuita a Migrantes España, ya que desde Madrid y Sevilla acompañaron a esta familia el año pasado. Por la relación que se tejió, el 5% de los beneficios de este libro serán donados a esta organización. Puedes comprar el libro aquí y a continuación leer el prólogo completo:

nourPoniendo rostro y voz a las personas refugiadas
“Esta historia te va a conmover, como ha conmovido a todas las personas que han tenido la oportunidad de conocerla. Es única porque así lo son los protagonistas, con sus anhelos y frustraciones, sus alegrías, miedos y soledades. A la vez, es una narración cuyo eco resuena junto al eco de millones de historias similares. «Millones», literalmente.

Nos cuesta comprender algunas realidades. Nos perdemos en las grandes cifras. Se nos escapan las razones. Nunca debemos renunciar a desentrañar y denunciar los procesos que conducen a tantas personas a huir de sus hogares: la guerra propiciada por intereses geoestratégicos, las políticas económicas fallidas, el cambio climático producido por la actividad humana. Por eso una historia particular, como la que tienes entre tus manos, dota de relieve y hondura todas las explicaciones anteriores.

La acción por cambiar las cosas es como un motor de dos tiempos. Primero, la comprensión del contexto apela a nuestro sentido de justicia. Segundo, al acercarnos a las historias concretas, nuestra empatía despierta. La indignación y la compasión se fusionan y generan el combustible que alimentará el movimiento. Ninguno de los componentes de la mezcla es suficiente por sí mismo. La buena noticia es que podemos empezar por cualquiera de los dos.

La historia de Nour –nuestra joven protagonista– busca actuar como chispa de ignición de ese motor. Acompáñala en su odisea por encontrar un lugar seguro en el que rehacer la vida con su familia. En el camino, te toparás con todo el repertorio del dolor y la esperanza humana: la separación de los tuyos y el reencuentro; el terror y el alivio; el desarraigo y la pertenencia; la hostilidad y la hospitalidad; el olvido y la memoria. Seguro que algunas de ellas nos resultan familiares, y habrá otras que muchos y muchas de nosotros no hemos experimentado en persona.
La respuesta de los países europeos ante la búsqueda de protección de las personas refugiadas es indigna. No se han abierto vías legales y seguras para que las personas que huyen de la guerra no tengan que arriesgar sus vidas en rutas repletas de peligro. Por eso, tantos y tantas se quedan en el camino. Tan solo la macabra cifra de 4.500 personas ahogadas o desparecidas en el Mediterráneo durante el año 2016 debería suponer un aldabonazo en las conciencias de la ciudadanía y los gobernantes. Sin embargo, se impone un «realismo» político inmoral abonado por la indiferencia ciudadana, cuando no el miedo y el rechazo.

Por su lado, quienes consiguen acceder al territorio encuentran muros a duras penas franqueables. Algunos de ellos son físicos, diseñados para hacer daño a quien se acerque. Otros son legales y burocráticos. Ambos tipos de barrera tienden a reforzarse en la Europa de hoy.

Mientras escribo estas líneas, los países de la Unión Europea, que en septiembre de 2015 se comprometieron a acoger la ya de por sí escasísima cifra de 160.000 refugiados en los dos años siguientes, apenas han cumplido con un 16 por ciento del compromiso, a menos de seis meses de que venza el plazo. ¿Por qué? Del mismo modo, asistimos con enorme preocupación a la nueva propuesta de regulación del Sistema Europeo Común de Asilo, que rebaja notablemente los estándares de protección de las personas refugiadas. Sin lugar a dudas, busca poner las cosas aún más difíciles para las familias como la de Nour.

Junto a esta dura realidad coexiste la de muchas personas que, desde barrios, municipios y organizaciones, alzan su voz, al grito de «¡Queremos acoger! ¡Somos tierra de acogida!». Esta dimensión también encuentra su lugar en la historia de Nour. Es una parcela pequeña, pues lo más importante siempre es la voz de las personas que buscan protección. No obstante, quiero traerla aquí porque es posible que después de leer este libro quieras hacer algo.

Por eso te presento la campaña www.hospitalidad.es, promovida por varias entidades, entre ellas el Servicio Jesuita a Migrantes. En ella encontrarás información y formas de canalizar tus deseos de contribuir, bien apoyando en la acogida, en la difusión de información o en acciones reivindicativas. Para las personas que impulsamos esta iniciativa, la hospitalidad con las personas refugiadas, además de una obligación legal que emana de leyes y tratados internacionales, es un deber ético que nace de nuestra humanidad compartida y de la memoria de haber sido acogidos en épocas en las que nos tocó salir para poder ofrecer un futuro a nuestros hijos.

Termino con mi agradecimiento a la editorial Penguin Random House por su implicación en la difusión de esta historia y por su colaboración con nuestra entidad. Una parte del precio que has pagado por este libro está destinada a impulsar nuestras actividades de acogida de personas migrantes y refugiadas, de difusión sobre su situación y de defensa de sus derechos”.

Miguel González Martín
Coordinador del SERVICIO JESUITA A MIGRANTES – España